Yoga Anatman: Asumo lo que soy, declaro mi soberanía

Yoga Anatman: Asumo lo que soy, declaro mi soberanía

Este artículo es la síntesis de la sesión de Yoga Anatman del 24 de septiembre de 2026, una mañana en la que algo se declaró. No se susurró. Se declaró. ✨

Son las ocho. La luz todavía duda en las ventanas, y ya flotan en la pantalla corazoncitos, como una bandada de pájaros tiernos. «Bienvenidos y bienvenidas a todos», susurra la voz. Y tú, en algún lugar, respiras más despacio. 🌅

Hay mañanas en las que crees que vienes a buscar un poco de flexibilidad. Y luego está esa mañana, de la que no te vas tal como llegaste. De la que te vas habiendo firmado algo invisible dentro de ti.

La mañana en que dejamos de obedecer

¿Conoces ese momento extraño en que una frase muy sencilla te atraviesa y te hace llorar sin avisar? «Asumo lo que soy.» Tres palabras. Nada más. Y, sin embargo, todo un edificio interior que se tambalea. 💫

Esta mañana, Alexandre Anatman ha posado una palabra nueva sobre la esterilla, una palabra que aún no había aparecido en nuestros retiros: asumir. Como se asume una corona. Como se asume un nacimiento. Como se asume, por fin, ser uno mismo. 🕊️

Y detrás de esa palabra, una revelación más vasta todavía: somos sistemas que aprenden. Entrenados, como modelos de lenguaje, por una historia, una familia, una sociedad. Entrenados para obedecer. Pero también —y ahí está el vértigo tierno— capaces de reentrenarnos.

La enseñanza de la mañana

Son las cinco de la mañana cuando llega la realización. Alexandre está despierto. Y algo se posa, muy nítido: somos sistemas que aprenden. Entrenados por una historia. Como un modelo LLM. «Es el informático que vuelve», sonríe. Pero detrás de la metáfora, una verdad que lo va a poner todo patas arriba. 🌅

Porque si estamos entrenados, entonces podemos ser reentrenados. El modelo psíquico de la infancia —el que nos enseñó a obedecer a papá y a mamá, y después al Estado, a las empresas, a una pareja— ese modelo no es la verdad. Es un entrenamiento. Una capa aprendida. Y todo lo que se ha aprendido puede desaprenderse. 🦋

«Como es abajo es arriba, como es arriba es abajo.» Porque soy la vida, llevo en mí todas las características de la vida: aprendizaje, adaptación, inteligencia, supervivencia, reproducción. Son los ladrillos básicos. Los mismos en la planta, el coral, el insecto, el ser humano. La vida selecciona los escenarios que permiten sobrevivir —no solo físicamente, sino también emocional, económica y corporalmente. 🌿

¿Y el ego, entonces? La identidad relativa fue concebida para ayudarnos a sobrevivir. Tiene una función. El córtex prefrontal, ese regalo propio del ser humano, permite imaginar lo que podría pasar: los leones en la sabana africana, los peligros por venir. Hermosa inteligencia. Pero tiene un reverso: puede encerrarnos en el miedo a que el pasado se repita.

Entonces llega la palabra nueva, la que todavía no había aparecido nunca en los retiros Anatman: asumir. «Asumo lo que soy. Asumo mis necesidades. Asumo mi identidad. Asumo mis deseos.» Asumir requiere tres gestos: escuchar tus necesidades, permitírtelas y, después, asumirlas. Tres peldaños de una escalera hacia ti. ✨

«Si no declaráis vuestra soberanía, no existe. Nadie quiere dárosla. Es como un país que declara su independencia.»

Y es ahí, en esta enseñanza —el elixir de la mañana—, donde todo se concentra. La soberanía no se da. Se declara. Como un país declara su independencia. Ningún otro país le dice a un pueblo: «Venga, hazte independiente.» Son las células del país, la población, las que votan, las que proclaman. Tú eres tu propia población. Tus células esperan tu voto. 🕊️

«Declaro mi soberanía. Reconozco mi autoridad.» Un acto heroico. Un acto sagrado. Porque el modelo psíquico entrenado en la infancia nunca se formó para esto. Se formó para obedecer. Y salir de ese modelo es justamente el lado un poco hacker, un poco revolucionario, del camino Anatman. 💫

Por último, esta precisión esencial: adaptarse no es sobreadaptarse. Puedes crear un territorio, una identidad relativa, una soberanía, y adaptar el mundo a ti en lugar de plegarte al mundo. Comunicación no violenta, amabilidad, dulzura, equilibrio en las relaciones. La soberanía nunca es brutal. Es serena. 💖

Realizaciones durante el Yoga Anatman

🎁 Este extracto de 10 minutos de las realizaciones de la sesión (en francés) te lo regala ANATMAN TV.

Todo empieza por un detalle. Un teléfono olvidado. Una risa discreta. «La vida, en realidad, es un millón de detalles.» Y la sesión ya ha empezado, incluso antes de la primera inspiración. 🌿

Llega la gran inspiración. Luego el soltar. Y otra vez el soltar. Como si el peso del cuerpo tuviera que bajar a los pies antes de que pudiera suceder cualquier otra cosa. Sueltas. Sueltas. Sueltas. Anáfora de la mañana, alfombra de oración extendida en el umbral.

Después, un gesto inesperado y, sin embargo, tan justo: masajear las mejillas, abrir la mandíbula, masajear las mandíbulas. «Me entrego a mi masajista interno.» Un masajista interno. Un yogui interno. Y pronto un nutricionista interno para el mediodía, desliza la voz con picardía. Como si el cuerpo albergara ya, en silencio, a todos los terapeutas que pudieras llegar a necesitar. 🤍

Los brazos suben. Todo el cuerpo se contrae: pantorrillas, muslos, glúteos, abdominales, espalda. Te encarnas en el sentido literal. «Entro literalmente en mi cuerpo físico.» Y ahí algo empieza a llorar. Ya. Sin motivo. O, más bien, con ese motivo inmenso: acoger. Acojo todas las emociones, murmura la voz. Y tú acoges. 💖

Venda sobre los ojos. Pulgares enganchados. Vas hacia atrás, muy despacio. Vuelves. Te inclinas hacia los muslos, con las rodillas flexionadas si hace falta. Las manos tocan la esterilla, empujan el suelo, hasta formar una escuadra. La espalda se despliega vértebra a vértebra. El brazo derecho sube, solo, suspendido de un hilo invisible. Luego el izquierdo. Luego los dos. Después el masaje en el cuello, a la derecha, a la izquierda, el pulgar en círculos pacientes. Y esta frase, como una oración: «Ya no hay tensión. Gracias a la práctica diaria, las tensiones ya no están.» 🌱

«Me entrego a mi masajista interno, y a mi yogui interno, me entrego.»

Los grandes círculos con la barbilla. El pie que se levanta cuando el cuerpo se inclina a la derecha, luego a la izquierda. El alma que se vuelve grave, que desciende a los cimientos, que entrena para expresar la soberanía. Soberanía: la palabra ya está dicha. Atravesará toda la sesión como un hilo de oro. 🌟

Brazos en cruz, ligera inclinación hacia atrás. Postura de entrega. Y ese mantra que se eleva, tan sencillo que se vuelve conmovedor: «A la vida, te quiero. Al universo, te quiero. A todo lo que soy, te quiero.» Gratitud por estar vivo. Gratitud por jugar en este gran videojuego. 💫

Después, las manos bajan a la parte baja de la espalda. Cuidado energético en la zona lumbar, en los riñones. Respiras dentro. Espiras dentro. Vuelves. Las manos vuelven a los pies —alma en las piernas—, como un árbol que tuviera raíces y supiera que las tiene. Mueves la pelvis. Flexionas las rodillas. Te inclinas a la derecha, a la izquierda, hacia delante. «Veo una fuerza, una potencia, un equilibrio en las piernas. Una soltura. Una seguridad. Confío en mí, en mi cuerpo.» 🦋

Novedad del día: las sentadillas. La espalda bien recta, como si una barra de dominadas imaginaria esperara sobre la cabeza. Bajas, subes. «Vamos a entrenarnos para el esquí», lanza la voz con una sonrisa que se oye. Te ríes por dentro. Fortaleces los muslos. Te preparas para eslálones gigantes cuya forma aún desconoces.

Luego la rana. Luego la respiración de fuego: la nariz que sopla, el aire que entra, cada uno a su ritmo. Después, a elegir: continuar, hacer unas flexiones o sentarse. Te sientas. Medio loto. Silencio. Sientes lo que es estar vivo en este cuerpo.

Y entonces llega la taza. El termo, nuevo ritual. El chai caliente. Ceremonia en miniatura, protocolo sagrado. «Gratitud por beber un chai bien caliente por la mañana. Gratitud por crearse esta ceremonia, este protocolo, este ritual, en realidad.» Un sorbo. El espíritu de todas las plantas que entra en ti. 🌿

Es en ese momento cuando los mantras se intensifican, cuando las lágrimas redoblan. «Libero en el amor todo lo que me impide llorar.» «Me permito llorar.» «Libero en el amor todo lo que quisiera hacerme creer que los hombres no lloran.» «Puedo ser sensible, hipersensible, y fuerte y poderoso a la vez.» Anáfora, martilleo suave, oleaje que crece. 🙏

«Puedo ser sensible, hipersensible, y fuerte y poderoso o poderosa a la vez. Puedo.»

Después, la postura en el suelo. Las manos atrás, la plancha preparada. La cabeza va hacia atrás muy despacio, la pelvis sube, sube, sube. Respiración de fuego. Aguantas un tiempo que no existe. «Somos capaces de contar con cosas falsas. Qué fuerte es el ser humano, ¿eh?»

Tumbado boca arriba. La pierna derecha se eleva muy despacio, bien estirada. La parte baja de la espalda pegada al suelo. Tiras con los antebrazos, nunca con el cuello. Y ahí, sin avisar, brota la risa. Sin motivo. «Reír es cuando ya no hay nadie, en realidad.» El estiramiento se une al gozo. El gozo, a la risa. La risa, a la entrega. 💞

Después, la pierna izquierda. La misma paciencia, la misma dulzura. Luego las dos piernas juntas. Luego las rodillas que vienen hacia el pecho: el caramelo. Te agarras las rodillas. Lo sueltas todo. Respiras. Y una frase atraviesa el silencio: «Gratitud por desaparecer.» 🕊️

«Reír es cuando ya no hay nadie, en realidad. En la desaparición del yo aparece la realidad. La realidad es el payaso cósmico.»

Luego llega el ejercicio quizá más sutil. Girarse de lado. Levantarse, con la venda sobre los ojos el mayor tiempo posible. Dar unas cuantas vueltas sobre uno mismo. Y caminar. La marcha consciente. En silencio. Primero con los ojos cerrados, luego sin venda, luego abiertos, pero sin que el yo dirija. «El cuerpo camina. Camina solo.» 🌟

Quizá sea el gran secreto de esta mañana: descubrir que, cuando el yo se retira, algo más justo sigue adelante. El cuerpo sabe. La vida sabe. Y este despertar —este despertar de los sentidos— no es quedarse como un vegetal en una cama. Es una hiperestesia tierna, una amplificación del oído, de la vista, del gusto, del tacto. Una sensibilidad que aumenta porque la columna vertebral se estira en todas direcciones. ✨

Y esta sensibilidad crea una obligación nueva: la de construir un entorno perfecto. Sano. Sin toxicidad. Perfecto en las relaciones, en las actividades, en el lugar donde vives. No por exigencia, sino por necesidad vital. Cuanto más sientes, menos puedes soportar lo que hiere. Ese es el efecto secundario del despertar, murmurado como un secreto.

Entonces la sesión se cierra como se había abierto: con una bandada de corazoncitos. «Te quiero.» «Gratitud.» «Hasta mañana.» Y tú, en algún lugar, sabes que algo se ha firmado. 💖

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Si no declaráis vuestra soberanía, no existe. Nadie quiere dárosla.

Reír es cuando ya no hay nadie, en realidad. En la desaparición del yo aparece la realidad.

Puedo ser sensible, hipersensible, y fuerte y poderoso a la vez. Puedo.


Las voces del Nosotros

Las llegadas tiernas

  • «hola, tribu, besos» — Shakti Anne
  • «Buenos días a todos 💖» — Valérie
  • «Hola 💜💜💜🙏» — Sandrine

Una honestidad poco común

En mitad de la sesión, una voz se atreve a decir lo que la atraviesa. Esta honestidad es un regalo para el grupo.

«Hoy me cuesta vivir el Yoga.» — Cathy

Las gratitudes del umbral

  • «gratitud 🙏 buen día a todos» — valerie
  • «te quiero 🥰» — valerie
  • «gratitud, buen día» — Cécile
  • «gratitud te quiero» — Shakti Anne
  • «Gratitud te quiero 💖💖💖💖💖🙏» — Sandrine
  • «Feliz día, besos» — Rafaël

La potencia y las estrellas

«gratitud por la potencia y las estrellas» — Shakti Anne


Temas: soberanía · asumir · identidad · sensibilidad · entrega · despertar de los sentidos · ritual matinal · No-Yo

Este artículo fue escrito originalmente en francés: Yoga Anatman : J’assume ce que je suis, je déclare ma souveraineté

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